Economía con turbulencias

Rumbo. El cambio de dirección en el que está embarcado el gobierno enfrenta dificultades visibles, como la inflación y la caída de la actividad económica. Es necesario pasar de las promesas a los hechos concretos para ingresar a una etapa superadora.

La situación económica general presenta tribulaciones, que, en gran parte, son producto de instancias encontradas. Por un lado, las nuevas autoridades apuntan a otro rumbo de la economía, buscando lo que se suele llamar la «reinserción internacional» del país, aligerando lo que se ha calificado como una extrema carga de intervencionismo del Estado, y aspirando a que la economía se reencuentre con un aflujo apropiado de divisas luego del período de sequedad sufrido.

En lo inmediato, lo que se advierte es un recrudecimiento de la inflación, y un aflojamiento adicional de la actividad económica en general. La preocupación cobra una característica especial en el ámbito industrial, incluso en lo que concierne a nuestra región, constatándose empresas en serias dificultades, incluidas amenazas de cierre, suspensiones y despidos que si bien no alcanzan una clara dimensión masiva a este momento, ponen en alerta. En el medio de esto, se nota una mayor presión del movimiento importador y la paralización de obras que lleva a una menor demanda de insumos industriales.

Sin duda, existe una transición económica que está influyendo grandemente. Cuando se aspira a corregir variables económicas que se estiman atrasadas o desequilibradas, y que son de extendida influencia, es difícil que el intento de adecuación no suscite en lo inmediato implicancias que pueden considerarse molestas. En la presente situación, tales adecuaciones versan, nada menos, que en materia de tipo de cambio y de tarifas. El primero es una variable de primer orden de la economía, y la otra no le va demasiado en zaga.

Probablemente, el discurso original de las nuevas autoridades, aun antes de que se realizara el ballottage y por ende de confirmarse el acceso al gobierno, perfiló un determinado comportamiento que no terminó plasmándose a pleno. Prácticamente, se decía que el levantamiento del cepo cambiario y el ajuste de la paridad cambiaria de entonces, dadas ciertas condiciones, casi no debían pegar adicionalmente en la inflación general. Esto no se dio, y es posible que en esta problemática haya incidido una postura «blanda» ante los grandes formadores de precios, los que se observan, algunos en el entramado productivo, y muchos en los diversos niveles de la intermediación y comercialización de todo tipo. No en vano, en Came insistimos sobre la notable distancia en términos de valor entre los primeros eslabones de la cadena productiva y lo que son los precios finales en las bocas de expendio.

De cualquier manera se registra una baja del poder de consumo, ello se verifica en el nivel de ventas general y repercutirá en la recaudación impositiva.

Lo notable es que en el ámbito industrial están convergiendo dos fenómenos de suma importancia: aunque el valor real del dólar ascendió, aun es claramente insuficiente para el sector manufacturero promedio, y hasta no es del todo cómodo para varias economías regionales. Y no se tiene una perspectiva clara al respecto a futuro. Por el otro lado, algunas defensas que se tenían frente a las importaciones cesaron porque colisionaban con los estatutos de la Organización Mundial del Comercio, y las acciones de carácter alternativo son de aplicación más complicada. Entonces, el nivel del tipo de cambio real alto se torna tanto más relevante, en especial por la situación de Brasil y sería la única forma de neutralizar la invasión importadora.

Asimismo, las tasas de interés pronunciadas dificultan el crédito y la liquidez en general a las empresas, porque los fondos son chupados por el Banco Central y los bonos emitidos por el Tesoro.

Donde parece que coloca especial énfasis el gobierno es en el reacceso al mercado de capitales mundial. Aquí se cruzan dos visiones. Una es la más cortoplacista: se toma deuda para pagar el arreglo con los buitres o para cubrir el déficit fiscal. La de horizonte más extendido, es la que alude al financiamiento de inversiones de tenor productivo. Hasta hay referencias, formuladas por el propio presidente entre otros, al desarrollismo de Frondizi-Frigerio, aludiendo a sus grandes logros, los que puedo recordar con el orgullo de haber sido parte de esa gesta (Frondizi encomendó a Frigerio, Sábato y Aguirre Larreta la tarea de traer capitales para radicación en Argentina, de acuerdo a las necesidades nacionales).

De todas maneras, una estructura productiva integrada, con la capacidad de empleo correlativa, requiere una incidencia relevante del sector manufacturero diversificado, hoy amenazado. Finanzas, construcción, infraestructura en general, son muy importantes, pero el espectro sería débil sin esa incidencia. La inversión en la industria, la posibilidad de acceder como proveedores a los diversos proyectos externamente financiados, es clave. Pero, entonces, aquí vuelve a plantearse el tema crucial del tipo de cambio y de la competitividad en general. La industria debe ser competitiva para enfrentar bien a las importaciones, para poder exportar, y para proveer a los grandes proyectos de inversión bancados con capitales internos y/o externos. (A estos capitales se le podía agregar el producto de una regularización impositiva amplia, que transforme capitales estériles en capital de trabajo y producción. Cabe señalar que la procedencia de esos capitales, exceptuaría a los de la trata, la droga, tráfico de armas, etc, y se aplicaría a fines determinados por el Plan de Desarrollo Nacional. Entre ellos sería vivienda, petróleo, gas, energía, tecnología, explotación minera, etc.)

La presente situación es delicada, porque mezcla, por un lado, signos estanflacionarios, la necesidad de correcciones en diversas variables, indicios de despidos que se amplían, empresas en problemas, y, por el otro, la búsqueda de un rumbo que permita emerger del brete.

Elias SosoEs de temer que aun persistan por un lapso algunas de las circunstancias dolorosas enunciadas; lo que se impone es que, finalmente, ese rumbo superador pase de las promesas al campo efectivo, permitiendo dejar atrás una etapa de desasosiego y retomar el camino hacia el desarrollo planificado.

Elías Soso / Vicepresidente de Came / Vicepresidente 3ero de Fececo 

 

 

 

Fuente: http://www.lacapital.com.ar/ed_impresa/2016/4/edicion_2685/contenidos/noticia_5120.html