EL COMERCIO NO FORMA LOS PRECIOS… ¿SOMOS CULPABLES DE SU AUMENTO?

“A los precios no los forma el último eslabón de la cadena”

El comercio minorista enfrenta desde mucho antes de la pandemia del COVID-19 dificultades desde todo punto de vista. Las consecuencias del efecto pandemia han acelerado, lamentablemente, el deterioro de la actividad arrastrando a familias enteras de comerciantes y sus empleados a una crisis extrema. El comerciante es la persona que más interés tiene en vender, por eso establece el precio más razonable para seducir a los consumidores.

En los últimos tiempos el continuo aumento en los costos de todo tipo han obligado a un permanente análisis de los mismos para su reducción y optimización, y aun con estas previsiones los márgenes de ganancia se reducen notablemente pues los precios dependen no sólo del análisis financiero interno sino de factores externos, como lo son los precios de compra de la mercadería, los costos de logística, la carga impositiva, los compromisos con el personal, mantenimiento del local, la tarifa de servicios y muchos más.

Al no ser formadores de precios, al comercio le resulta imposible sostener los “precios máximos”, cuyos valores están impuestos desde un escritorio y con los verdaderos formadores de precios con una realidad muy distinta a quienes, en definitiva, los debe aplicar en un escenario prácticamente inaplicable.

La cuerda de los precios está tensa, el comercio también lo siente cuando recibe casi a diario el aumento por parte de los mayoristas, distribuidores, fabricantes, etc., y no le queda más remedio que transmitir la tensión al consumidor quedando expuesto por ser el último eslabón de la cadena, como si fuera el responsable del precio del producto. Pero no es la única cuerda tensa que debe soportar el comercio.

Desde FE.CE.CO. se reconoce el esfuerzo del gobierno provincial en propiciar el consumo a través de diferentes medidas, como el programa “Billetera Santa Fe”. Este programa es un empujón a las ventas que seguramente alentará a los comercios que se van adhiriendo al programa, aunque esto no tendrá demasiado impacto en la contención de los precios. Se requiere de algo más que un empujón para resolver el problema de los comercios y fomentar las ventas, que tal vez no dependan exclusivamente del Ejecutivo provincial.

Asimismo, desde diversos ámbitos se pide esfuerzos conjuntos para contener el aumento de precios. Pero solamente focalizan en exigir el esfuerzo empresario. Desde la actividad privada, se realizan esfuerzos diarios para mantener su actividad y no trasladar a precios los mayores costos. Sin embargo, no se visualizan esfuerzos del sector público para “no tensar la cuerda”, sino al contrario, se la tensa cada vez más a los comercios por mayores exigencias, impuestos, aumentos, controles, etc. 

Todo aumento en el gasto público se financia con mayor carga impositiva. Si el precio de los productos está tenso en la punta que llega al consumidor no necesariamente la tensión la genera el eslabón anterior; por el contrario, ya que como se mencionó anteriormente el más interesado en vender es el comercio minorista.

Los precios no los forma el último eslabón de la cadena, por lo que si desde los órganos de contralor advierten “acciones deliberadas para el no cumplimiento de la normativa” la lógica indica que se inspeccione y sancione a quienes actúan de esa forma, y no dilatar la erradicación de estas perjudiciales maniobras consumiendo el tiempo en inspeccionar a quienes, solamente por ser la cara visible de un largo proceso, reciben las miradas prejuiciosas de consumidores y autoridades responsabilizando a los empresarios de no tener voluntad y responsabilidad social, siendo en realidad todo lo contrario.